Segredo (Desayuno Buffet, 2026) es su debut en formato largo y tiene esa tranquilidad de los discos que no necesitan correr. No hay prisas. Ni ganas de impresionar a nadie.
Suenan ecos de Brasil por todas partes. Bossa, MPB, soul, algo de funk. Pero no como un ejercicio de estilo ni como una colección de referencias. Todo aparece de forma natural, como si esas músicas llevaran años viviendo dentro de las canciones esperando el momento de salir.
Hay temas que avanzan casi flotando. Un bajo por aquí, una guitarra por allá, una melodía que parece sencilla hasta que te descubres tarareándola dos días después sin saber muy bien por qué. Y eso pasa varias veces a lo largo del disco.
También se nota que viene de otro sitio. Quien recuerde la faceta más psicodélica de Bifannah encontrará algunas pistas, pero aquí Zapata está jugando a otra cosa. Menos experimentación visible. Más canción. Más detalle pequeño. Más dejar que el silencio haga parte del trabajo.
Lo bonito de Segredo es que transmite confianza. No la confianza de quien quiere demostrar algo, sino la de quien ya no tiene necesidad de hacerlo.
Pones el disco y todo parece discurrir con una calma extraña. Como una conversación larga al final de la tarde. Como conducir sin mirar demasiado el reloj. Como esos álbumes que nunca te piden atención, pero acaban quedándose bastante más tiempo del previsto.









