lunes, 15 de junio de 2026

The Standby Connection - The Standby Connection

The Standby Connection vuelve a asomar desde Valencia. Detrás están varios exmiembros de Polar, aquel grupo que dejó huella en el indie valenciano de los 90. El disco, titulado igual que la banda, The Standby Connection (No AloHa Records, 2026), fue publicado el 12 de junio y reúne 11 temas. 


En este trabajo no intentan repetir fórmulas ni vivir de la nostalgia. Hay algo más sereno, más contenido, pero igual de reconocible. Desde las primeras canciones ya se percibe el pulso: guitarras que dejan espacio para respirar, ambientes que se quedan flotando y melodías que aparecen sin hacer ruido y terminan acompañándote durante días. Un disco pequeño en apariencia, de esos que piden una escucha tranquila y sin prisas.



domingo, 7 de junio de 2026

VA - Help 2

Help 2 (War Child Records, 2026) nace como heredero de The Help Album, aquel disco solidario publicado en 1995 para apoyar el trabajo de War Child. Tres décadas después, la idea vuelve a cobrar vida con una nueva colección de canciones grabadas por artistas de distintas generaciones en los míticos estudios Abbey Road.

Por aquí desfilan nombres tan conocidos como Arctic Monkeys, Olivia Rodrigo, Pulp, Depeche Mode o Big Thief, entre muchos otros. Algunos aportan temas nuevos, otros reinterpretan canciones ajenas, pero todos comparten el mismo objetivo: recaudar fondos para ayudar a niños y niñas que viven las consecuencias de los conflictos armados.


Un disco coral, lleno de talento y con una causa que va mucho más allá de la música.

domingo, 31 de mayo de 2026

Guilherme Zapata - Segredo

Guilherme Zapata lleva tiempo rondando la música gallega, aunque seguramente muchos lo conozcan antes por Bifannah que por su nombre propio. Nació en Vigo, ha vivido media vida entre canciones, estudios de grabación y otros proyectos creativos, y ahora parece haber encontrado un lugar muy cómodo desde el que hacer exactamente la música que le apetece.


Segredo (Desayuno Buffet, 2026) es su debut en formato largo y tiene esa tranquilidad de los discos que no necesitan correr. No hay prisas. Ni ganas de impresionar a nadie.

Suenan ecos de Brasil por todas partes. Bossa, MPB, soul, algo de funk. Pero no como un ejercicio de estilo ni como una colección de referencias. Todo aparece de forma natural, como si esas músicas llevaran años viviendo dentro de las canciones esperando el momento de salir.

Hay temas que avanzan casi flotando. Un bajo por aquí, una guitarra por allá, una melodía que parece sencilla hasta que te descubres tarareándola dos días después sin saber muy bien por qué. Y eso pasa varias veces a lo largo del disco.

También se nota que viene de otro sitio. Quien recuerde la faceta más psicodélica de Bifannah encontrará algunas pistas, pero aquí Zapata está jugando a otra cosa. Menos experimentación visible. Más canción. Más detalle pequeño. Más dejar que el silencio haga parte del trabajo.


Lo bonito de Segredo es que transmite confianza. No la confianza de quien quiere demostrar algo, sino la de quien ya no tiene necesidad de hacerlo.

Pones el disco y todo parece discurrir con una calma extraña. Como una conversación larga al final de la tarde. Como conducir sin mirar demasiado el reloj. Como esos álbumes que nunca te piden atención, pero acaban quedándose bastante más tiempo del previsto.


miércoles, 27 de mayo de 2026

Ulrika Spacek - Expo

Expo (Full Time Hobby, 2026) es el último disco de Ulrika Spacek y la entrega del mes de febrero del One Record Club.

Si quieres unirte al club y recibir cada mes un regalo en forma de vinilo, pincha en el siguiente enlace:

 One Record Club

Expo no entra fácil. Tampoco parece que le preocupe demasiado.

El nuevo disco de Ulrika Spacek va creciendo como una mancha en la pared: primero la miras de reojo, luego ya no puedes dejar de fijarte en ella. Guitarras largas, repetición, ruido medio contenido, bajos que empujan todo el rato por debajo. Hay canciones que parecen avanzar dormidas y de repente te tienen atrapado en un bucle rarísimo.

Y qué bien les sienta eso. Porque podrían intentar hacer algo más directo, más “mira qué estribillo”, pero no. Prefieren quedarse en esa zona incómoda donde las canciones flotan, se doblan sobre sí mismas y tardan un poco en abrirse. Muy kraut. Muy noise. Muy de poner una guitarra más aunque seguramente no hiciera falta.

A veces recuerdan a Sonic Youth, otras a Can, otras a esas bandas que descubrías hace años en un blog perdido y luego recomendabas como si estuvieras pasando material ilegal. Pero Ulrika Spacek tienen algo suyo. Esa sensación de caos tranquilo. De banda que parece a punto de desmontarse… sin desmontarse nunca. 


El disco además suena vivo. Hay espacio. Aire. Cosas que chirrían un poco. Menos mal. Ahora mismo medio mundo está obsesionado con producir discos como si fueran una encimera de cocina.

Aquí no. Aquí hay esquinas.

“Questioning the Moon” o “The Sheer Drop” entran lentas, casi desconfiando de ti. Y tú al principio piensas “vale, interesante”… hasta que llevas cuatro canciones seguidas y el salón empieza a parecer un sitio ligeramente distinto.

No es un disco amable. Pero tampoco frío. Más bien te deja entrar poco a poco, como esa gente que tarda en hablar contigo y luego resulta que son los mejores de la fiesta.

O los únicos que recuerdas al día siguiente...

domingo, 17 de mayo de 2026

Allo Darlin' - Bright Nights

Once años sin sacar disco y Allo Darlin' vuelven como si hubiesen estado ahí todo el tiempo. Eso tiene mérito. Mucho.

Bright Nights (Slumberland Records, 2025) no suena a “gran regreso”. Ni falta que le hace. Va más por otro sitio. Canciones cálidas, pequeñas, de esas que parecen fáciles hasta que intentas escribir algo parecido y no te sale ni acercándote.

Siguen las guitarras jangly, el folk suave, alguna mandolina entrando por un lado, melodías que te abrazan un poco y luego te dejan pensando en tu vida mientras friegas un plato. Muy Allo Darlin’, vaya.

Pero hay algo distinto. Se nota el tiempo. Ya no están escribiendo desde la misma edad ni desde los mismos lugares. Aquí hay cansancio bonito, relaciones largas, mudanzas emocionales, hijos, recuerdos que ya no duelen tanto. Nostalgia adulta. La peligrosa.

Y Elizabeth Morris… bueno. Sigue cantando como si estuviese a medio metro de ti. Sin exagerar nada. Esa voz tiene algo raro: parece frágil y firme a la vez. Como quien te cuenta algo importante intentando que no parezca importante.

Hay canciones que entran despacio y de repente ya las tienes instaladas dentro. “Tricky Questions”, “Northern Waters”, “Cologne”… todas tienen ese aire melancólico pero luminoso que el grupo maneja tan bien. Tristeza con ventana abierta.

Lo mejor del disco quizá sea eso: no intenta impresionar. No hay producción gigantesca ni momentos diseñados para levantar móviles en festivales. Todo respira tranquilo. Humano. Incluso las pequeñas imperfecciones hacen que funcione más.

Bright Nights acaba sonando como reencontrarte con alguien al que le tenías muchísimo cariño y descubrir que sigue siendo esa persona. Solo que ahora sabe más cosas. Y canta mejor sobre ellas.

domingo, 10 de mayo de 2026

Fort Not - You on repeat

You On Repeat (Meritorio Records, 2026) suena como esos discos que descubres de casualidad un domingo por la tarde y acabas defendiendo como si llevases escuchándolos media vida.

El dúo sueco Fort Not —Robert Carlsson y Fredrik Söderström— vuelve sin grandes aspavientos. Van más por esa línea de canciones pequeñas que parecen grabadas deprisa, casi sin pensar demasiado… hasta que te das cuenta de lo bien construidas que están.

Hay guitarras jangly por todas partes, melodías medio torcidas, ruido justo, y un aire noventero que no cae en el disfraz vintage. A ratos recuerdan a bandas que seguramente tienen discos gastados en su casa: Pavement, Guided by Voices, Teenage Fanclub… incluso algo de Elliott Smith cuando bajan un poco las pulsaciones. Pero tampoco van copiando cromos. Suenan bastante a ellos mismos, que ya es raro.

Y el disco tiene una cosa muy bonita: parece cercano. Se nota que está hecho por gente tocando junta, no por un comité de producción obsesionado con dejarlo todo perfecto. Algunas canciones entran casi de puntillas y luego se quedan ahí, molestando suavemente durante días. De las buenas.

Hay melancolía, claro. Suecos haciendo indie triste: tampoco iban a sacar un disco sobre hacer barbacoas en chanclas. Pero no pesa. Más bien acompaña. Como cuando vuelves andando a casa de noche y no te apetece ponerte otra cosa porque el disco ya te ha cogido el ritmo del paseo.


Fort Not siguen en su rincón, sin hacer mucho ruido. Y casi mejor. You On Repeat funciona precisamente porque no intenta convertirse en “el disco importante del año”. Solo quiere sonar honesto.

Y le sale bastante bien.

domingo, 3 de mayo de 2026

Miles Kane - Sunlight in the shadows

Hay discos que no entran, se cuelan. Este es uno. Sunlight in the Shadows (Easy Eye Sound, 2025) de Miles Kane me pilló un poco así, sin avisar, mientras hacía cualquier cosa. Y de repente: eh, esto qué es. Y vuelta atrás.

Sigue siendo él, claro. Las guitarras con ese aire sesentero, el rollo medio chulo medio elegante… ese deje que siempre recuerda un poco a cuando compartía trinchera con Alex Turner. Pero aquí no va tan de traje. Más suelto. Más de “me da igual si queda perfecto”.

Tiene luz, sí, pero no de foco. Más bien luz de persiana a medio abrir, de esas que dejan sombras raras en la pared. Hay canciones que entran del tirón, de conducir sin pensar demasiado. Otras bajan un poco el pulso y te dejan ver otra cara suya. Sin drama, sin ponerse intenso. Solo… diferente.

Y eso se agradece. Porque podría haber tirado por lo fácil —lo ha hecho antes y tampoco pasaba nada—, pero aquí hay pequeños detalles que cambian el rollo. La producción respira más. Las canciones también.

No es un disco de gritar. Ni falta que hace.

Lo pones otra vez. Y luego otra. Y ya estás dentro. Como cuando te enganchas a algo de The Last Shadow Puppets sin saber muy bien en qué momento ha pasado.

domingo, 26 de abril de 2026

Arctic Monkeys - AM

Hay discos que te cambian el grupo… y otros que te hacen mirar dos veces como diciendo: “vale, estos ahora van por aquí”. AM (Domino, 2013) de Arctic Monkeys es justo eso.

Venían de ir a cuchillo, de guitarras rápidas y nervio de veinteañeros (ahí está Whatever People Say I Am, That's What I'm Not para recordarlo), y de repente… frenan. Pero no se apagan, ojo. Se vuelven más oscuros, más viscosos. Más de moverte sin darte cuenta que de pegar saltos.

Alex Turner aquí ya no es el chaval que cuenta historias de pubs. Se pone traje (aunque sea imaginario), baja la voz y empieza a jugar a otra liga. Hay R&B, hay rollo hip-hop, hay ese punto de “sé exactamente lo que estoy haciendo”. Y funciona. Vaya si funciona.

Porque luego llegan temas como Do I Wanna Know?… y claro. Ese riff. Ese ritmo que parece que arrastra los pies. O Why'd You Only Call Me When You're High?, que es medio susurro, medio pullita a las 4 de la mañana. Todo suena fácil, pero no lo es.

Y el golpe fue serio. Mucha gente que no tenía ni idea de quiénes eran acabó metida dentro. De repente estaban en todas partes. Sin perder del todo el rollo suyo, pero jugando en estadios.

Un disco de noche, claramente. De los que entran mejor con luces bajas. Y con esa sensación de que algo —o alguien— no te conviene demasiado… pero te da igual.

Y aquí viene lo bonito: yo los tenía medio aparcados… hasta que mi hija se enganchó. Pero enganchada de verdad. De ponerlos en bucle, de cantarlos sin pedir permiso. Y claro, te arrastra. He vuelto a escucharlos con otros oídos… y he acabado rebuscando vinilos que me faltaban, como si no hubiera pasado el tiempo...

domingo, 19 de abril de 2026

Lande Hekt - Lucky now

Hay discos que no entran dando portazo. Lucky Now (Tapete Records, 2026) entra como quien abre la ventana sin hacer ruido y deja que corra el aire. El disco de Lande Hekt es la entrega del mes de enero del One Record Club.

Si quieres unirte al club y recibir cada mes un regalo en forma de vinilo, pincha en el siguiente enlace:

 One Record Club

El tercer disco de Lande Hekt va por ahí. Menos pelea interna, más… aceptar el ruido de fondo y seguir. No es felicidad de postal —tranquilo—, pero sí hay algo distinto: una especie de paz rara, como cuando por fin te acostumbras a tus propias movidas y dejan de pesar tanto.

Las canciones tiran de lo suyo: guitarras limpias, ese punto jangly que te lleva directo a otra época sin parecer un revival con disfraz. Todo bastante sencillo en apariencia, pero con mala idea: se te queda dentro sin pedir permiso. Cortitas, directas, sin adornos que sobren. Como si alguien hubiese hecho limpieza y se hubiese quedado solo con lo importante.

Y el cambio está ahí, aunque no haga ruido. Antes había más herida abierta. Aquí… cicatriz. Sigue doliendo si aprietas, pero ya no sangra. Hay menos mirar atrás con lupa y más seguir caminando, aunque sea con dudas. De hecho, el propio tema “Lucky Now” suena a eso: avanzar sin hacer demasiadas preguntas.

Lande Hekt viene del punk (Muncie Girls), pero en solitario ha ido afinando otra cosa. Más íntima, más directa, menos necesidad de levantar la voz para decir lo que toca. Lleva unos años construyendo un mundo bastante coherente, de esos que reconoces en dos acordes.

No es un disco que te cambie la vida en la primera escucha. Ni falta que le hace. Es de los que se quedan por ahí, rondando… y cuando vuelves, ya lo sientes un poco tuyo.

Sin hacer ruido. Como las cosas que importan.

lunes, 13 de abril de 2026

Nacho Vegas - Vidas semipreciosas

Hay discos que parecen escritos desde una grieta. Vidas semipreciosas (Oso Polita, 2026) de Nacho Vegas es uno de ellos.

Nacho Vegas vuelve a ese territorio donde lo íntimo y lo político no se separan, pero aquí lo hace con una especie de calma tensa, como si en lugar de gritar prefiriera susurrarte algo que incomoda más. Las canciones no buscan redención fácil ni grandes gestos: se mueven en lo cotidiano, en lo frágil, en esas vidas que no salen en titulares pero sostienen el mundo.

Musicalmente, el disco respira más. Hay espacio, menos densidad por momentos, y eso deja que las palabras caigan con todo su peso. Y claro, cuando Vegas apunta, no suele fallar: hay crítica, hay ternura torcida y hay una honestidad que no siempre es cómoda.


No es un álbum para poner de fondo mientras haces otras cosas. Es más bien de los que te paran un poco, te hacen mirar alrededor y pensar: “igual todo esto iba en serio”.

Porque sí, son vidas “semipreciosas”. Pero en manos de Vegas, acaban brillando lo justo para que no puedas apartar la mirada.

jueves, 9 de abril de 2026

Magic Castles - The lore of Mysticore

The Lore of Mysticore (Dust and Memory, 2025) no parece un disco recién reeditado. Más bien uno que llevaba años esperándote en algún rincón, cogiendo polvo con dignidad.

Lo de Dust and Memory tiene sentido. Este tipo de música necesita justo eso: alguien que la rescate sin tocar demasiado. Porque aquí no hay prisa. Nunca la hubo. De hecho, el disco nació casi en plan fantasma —CD-R, tiradas pequeñas, cero ruido— y así se quedó, flotando entre cuatro o cinco que sabían de qué iba la cosa.

Magic Castles juegan a desaparecer. Guitarras que se disuelven, voces que no terminas de ubicar, melodías que parecen claras… hasta que dejan de serlo. No es psicodelia de colores chillones. Es más bien mirar al techo y perder el hilo.

Y luego, de repente, pasa algo. Un tema se engancha un poco más de la cuenta, una melodía se queda dando vueltas. “¿Esto estaba antes?” Pues sí. Pero no lo habías cazado.

La banda viene de Minneapolis, orbitando desde principios de los 2000 alrededor de Jason Edmonds. Siempre en ese margen cómodo donde no hace falta gustar a todo el mundo. En su día, Anton Newcombe les echó el ojo y les dio algo de visibilidad. Tampoco cambió demasiado la película. Siguen a lo suyo.

Esta reedición no suena a revival ni a operación nostalgia. Suena más bien a ajuste de cuentas tranquilo. Como si alguien hubiera dicho: “oye, esto se nos pasó… vamos a escucharlo bien ahora”.

Y sí, mejor en vinilo. Este disco no quiere que le des a “siguiente”.

sábado, 4 de abril de 2026

James Yorkston and Friends - Songs for Nina and Johanna

Songs for Nina and Johanna (Domino Records, 2025) no entra dando portazos. Más bien se cuela. Lo dejas sonar de fondo y, sin saber muy bien cuándo, ya te ha ganado. Todo bastante sencillo en apariencia: canciones pequeñas, temas de casa, de gente, de lo que pasa cuando no pasa nada… o eso parece.

El escocés James Yorkston aquí no va de estrella. Va de juntar voces y ver qué ocurre. Y lo que ocurre es que Nina Persson y Johanna Söderberg se adueñan de muchas canciones sin pedir permiso. Mejor así. Hay momentos que suenan a conversación real, de esas que no están pensadas para ser bonitas, pero lo son.

La música… folk, sí, pero sin la etiqueta rígida. Cuerdas suaves, piano que aparece cuando le da la gana, algún detalle que ni detectas a la primera. Todo muy natural, casi descuidado (en el buen sentido). Nada de grandes gestos. Más bien miradas de reojo.

Yorkston lleva años en esto, siempre un poco al margen, sin hacer ruido. Disco a disco. Sin prisa. Aquí se nota que ya no necesita demostrar nada. Ni siquiera necesita estar en el centro. Y eso le sienta bien.

No es un álbum de los que te vuelan la cabeza. Es de los que te acompañan mientras haces otra cosa… y de repente paras. Porque algo ha cambiado.

miércoles, 1 de abril de 2026

Polar, canciones que se quedaron

Polar es una de esas bandas valencianas que no hicieron mucho ruido… y precisamente por eso hoy suenan interesantes. Aparecen a finales de los 90 / primeros 2000, cuando València tenía una escena indie subterránea muy viva, con locales pequeños, maquetas que pasaban de mano en mano y más ilusión que presupuesto. Polar encajaban ahí como un guante.

Su sonido miraba claramente hacia fuera: guitarras limpias pero melancólicas, ecos de indie británico, algo de shoegaze suave y canciones cantadas en inglés cuando eso todavía no era postureo sino una forma de buscar refugio estético. Nada de estribillos de estadio: lo suyo era más bien la épica doméstica, auriculares puestos y mirar por la ventana del bus como si estuvieras en un videoclip de bajo coste.

Nunca fueron una banda masiva ni lo pretendieron. Polar funcionaron como funcionan muchas bandas importantes de verdad: conciertos esporádicos, público fiel, discos (o maquetas) que envejecen mejor que muchas carreras largas. Su legado es más emocional que numérico. No cambiaron la historia del pop, pero sí el recuerdo de quienes los vimos en directo o los descubrimos en el momento justo de nuestra vida. Eso también cuenta, aunque no salga en Wikipedia.

Es bonito pensar que algunas bandas no desaparecen: simplemente se quedan sonando bajito, esperando a que alguien vuelva a darle al play.


🎸 La historia de Polar 

Polar fue un grupo formado en Valencia en el verano de 1994, compuesto por Jesús de Santos (guitarra y voz), Miguel M. Matallín (guitarra y voz), Paco Grande (bajo) y Jesús Sáez (batería). Desde el principio apostaron por un estilo propio de rock íntimo, atmosférico y lleno de matices que, con paciencia, acabó forjándoles un lugar respetado en la escena independiente española.

🎶 Los primeros pasos y reconocimiento temprano

En sus primeros años, Polar crecieron dentro del sello Tranquilo Niebla, donde se dieron a conocer como una de las propuestas más prometedoras. Ganaron concursos de maquetas —como el Circuït Rock de la Comunidad Valenciana— y consiguieron reconocimientos de crítica: su directo fue considerado uno de los mejores de 1997 por Mondo Sonoro, y su primer álbum, Sixteen Second Communication (1998), fue elegido por Rock de Lux como uno de los mejores discos del año.

En esa etapa ya se vislumbraba su sello distintivo: canciones que parecían pausadas pero siempre envolventes, guitarras que respiraban y una belleza melancólica que no buscaba grandes estridencias. Compartieron escenario con bandas como Damon & Naomi y estuvieron en festivales como el FIB o el BAM Barcelona, lo cual les valió reconocimiento más allá de Valencia.

📀 La etapa Jabalina: madurez y expansión

En 2001, Polar firmó con el sello Jabalina Música, que sería clave para su desarrollo. Con Jabalina publicaron algunos de sus discos más memorables y enriquecieron su sonido con arreglos más complejos e instrumentación más diversa:

  • New Day — CD‑EP (2001), que les devolvió al primer plano con temas cuidados y melancólicos.

  • A Letter for the Stars — LP (2002), considerado un punto álgido en su carrera, con un sonido maduro y emocional.

  • Snow Song — EP (2002), que completó sensaciones de ese gran año e incluyó temas que condensaban su poder evocador.

  • Comes with a Smile — LP (2004), con un enfoque más luminoso y variado.

  • Surrounded by Happiness — LP (2006), un regreso a una textura más cruda y directa.

  • Feedback — CD+DVD (2008), un repaso de versiones e historia de la banda con un documental incluido, editado con motivo de su décimo aniversario.

Esta etapa refleja su evolución: de un rock introspectivo a paisajes sonoros más complejos con piano, cuerdas y capas instrumentales que reforzaban su atmósfera.

🔚 Último álbum y despedida

Su último álbum fue Fireflies in the Alley (2010), editado por la discográfica valenciana Absolute Beginners. Tras este lanzamiento y 17 años de trayectoria, en 2011 la banda anunció su separación definitiva, agradeciendo a críticos, promotores y público por todo ese tiempo acompañado de su música.

En palabras de su comunicado de despedida, Polar dejaban claro que “lo que permanece son las canciones, en la medida en que la gente las quiera hacer revivir” — y esa frase captura muy bien su filosofía: una música que nunca hizo ruido estruendoso, pero que sigue viva en la memoria de quien la escucha.


domingo, 29 de marzo de 2026

Sam Blasucci - Off my Stars

Off My Stars (Innovative Leisure/Calico Records, 2023) no llega pegando golpes en la mesa. Más bien abre la puerta, entra, se sienta al piano… y tú ya te quedas.

El disco de Sam Blasucci va sin prisa. Piano muy presente, voz cercana, canciones que parecen pequeñas pero tienen algo dentro que engancha. Si lo tenías fichado por Mapache, aquí hay giro: menos desierto, más salón. Más tú a tú.


Suena clásico, pero no viejo. Folk, pop, algo de soul que aparece sin avisar. Y detalles que molan: un saxo que entra como si pasara por ahí, versiones de “Linger” o “Thank You” hechas sin postureo —y funcionan—. También se cuela “Il Mondo”, porque sí, porque le apetecía, y encaja.

Las letras… cercanas. Familia, dudas, crecer, ese tipo de cosas que no necesitan disfraz. Hay un tema dedicado a su padre que mejor no ponerlo en según qué momento, aviso.

Y él, Blasucci, va un poco en esa línea: multiinstrumentista, de los que parecen más cómodos tocando que explicándose. Este disco suena a eso. A alguien que no está intentando gustar. Está haciendo canciones y ya.


No es un disco de “madre mía”. Es más de dejarlo sonar… y cuando termina, volver al principio sin pensar mucho por qué.

Esta noche para cerrar el fin de semana, Sam Blasucci tomará el escenario en Loco Club: el momento perfecto para dejarse envolver por su directo.


miércoles, 18 de marzo de 2026

From Twee to True, The Amelia Fletcher Story (1986-2025)

Amelia Fletcher es la figura central de Heavenly pero no solo eso, ha estado involucrada en muchos grupos a lo largo de los años, cada uno con matices distintos. Además, Amelia ha hecho colaboraciones puntuales como vocalista invitada en canciones de otras bandas, apoyo en coros, etc. 

Del ruido dulce de los 80 a la calma de hoy. Amelia Fletcher, una vida entre guitarras y ternura.

🌱 Talulah Gosh (1986–1989)

Canción clave: Bringing Up Baby

Es puro anorak pop: juvenil, urgente, casi torpe a propósito. Cantar sobre enamorarse como si fuera el fin del mundo, con panderetas que suenan como truenos de confeti. También escucha Beatnik Boy, himno inocente y desafiante a la vez.
Escucha si te gusta: The Pastels, Shop Assistants, The Vaselines.

🌸 Heavenly (1989–1996 / regreso reciente)

Canción clave: P.U.N.K. Girl
El título ya avisa: melodías dulces con letras que muerden. Amelia afila su estilo: ironía, feminismo pop y una precisión melódica casi McCartneyana. C is the Heavenly Option (con Calvin Johnson de Beat Happening) es un diálogo delicioso entre Oxford y Olympia.
Recomendado: Heavenly vs. Satan (1991) y The Decline and Fall of Heavenly (1994).

🌊 Marine Research (1997–2000)

Canción clave: Queen B
Después de la muerte de su hermano Mathew, el grupo cambia de nombre pero mantiene el pulso. Las canciones se vuelven más maduras, con un tono melancólico y elegante. Su único disco, Sounds from the Gulf Stream, es una joya perdida del indie británico.

💫 Tender Trap (2001–2014)

Canción clave: Do You Want a Boyfriend?
Pop más pulido, con guiños electrónicos y letras que desmontan clichés románticos con una sonrisa irónica. Aquí Amelia suena más segura, menos naïf, pero igual de encantadora.
Escucha también: Talking Backwards —un retrato perfecto de su estilo: ligero en la forma, agudo en el fondo.

🪶 The Catenary Wires (2014–presente)

Canción clave: Til the Morning

Ella y Rob Pursey bajan el volumen. Canciones de pareja, madurez, y la belleza que tiene asumir el paso del tiempo. Armonías casi de Simon & Garfunkel si hubieran sido twee.
Álbum recomendado: Birling Gap (2021), publicado por Tapete Records.

📻 Swansea Sound (2020–presente)

Canción clave: Corporate Indie Band
Aquí vuelve la rabia de juventud, pero con el humor ácido de quien ya conoce la industria. Punk-pop con mensaje: un manifiesto contra el capitalismo cultural disfrazado de hit.
Escucha también: Indiepop Ain’t Dead —porque Amelia demuestra que no solo sigue viva, sino que suena más lúcida que nunca.

🎧 Bonus Tracks: Heavenly hoy

El regreso de Heavenly en 2025 con Portland Town suena a reencuentro sin nostalgia: las mismas armonías angelicales con un barniz de experiencia. Y con Excuse me nos adelantaron su álbum Highway to Heavenly que publicaron en febrero de este 2026, y que presentarán en Valencia el próximo 7 de mayo.

No es revival, es evolución emocional.


domingo, 15 de marzo de 2026

Sweet Nobody - Driving off to nowhere

Desde Long Beach nos llega la entrega del mes diciembre de One Record Club "Driving  off to Nowhere" (Repeating Cloud, 2025), el tercer disco de Sweet Nobody.

Si quieres unirte al club y recibir cada mes un regalo en forma de vinilo, pincha en el siguiente enlace:

 One Record Club


Driving off to Nowhere es uno de esos discos que parecen hechos para sonar mientras conduces sin rumbo claro. No en plan épico, sino más bien con esa sensación tranquila de dejar que la carretera decida por ti. El grupo californiano Sweet Nobody vuelve aquí a su territorio natural: guitarras limpias, melodías que se te quedan pegadas y un punto de nostalgia que aparece cuando menos te lo esperas.

Las canciones son breves, directas. Pop indie con brillo, pero sin ponerse demasiado solemnes. La voz de Joy Deyo tiene ese tono dulce que parece decirte que todo está más o menos bien… aunque las letras a veces hablen de recuerdos incómodos o relaciones que no acabaron precisamente con fuegos artificiales.

El disco dura poco más de media hora y casi se pasa sin darte cuenta. Temas como “Revenge”, “Making It Right” o “Forget Me” van dejando pequeñas escenas: un recuerdo que vuelve, una conversación que se quedó a medias, esa sensación rara de seguir adelante aunque no tengas muy claro hacia dónde.

Y el título lo resume bastante bien. Conducir hacia ninguna parte no siempre es huir. A veces es simplemente moverse. Poner música, mirar por la ventanilla y pensar: bueno… ya veremos qué pasa después.

miércoles, 11 de marzo de 2026

Plastic Light That Never Goes Out - The Smiths

The Smiths son una especie de meteorito cultural: cayeron rápido, brillaron muchísimo y dejaron un pequeño cráter emocional en cada adolescente que los escuchó a la hora equivocada… o, mejor dicho, a la hora perfecta. Si fueron tu primer grupo favorito, como es mi caso, seguro que lo llevas tatuado en el cableado neuronal para siempre...

Hablemos de ellos con calma, como quien abre un viejo vinilo que cruje un poco.

The Smiths eran la suma improbable de dos energías que parecían incompatibles: la guitarra luminosa y cristalina de Johnny Marr —que podría haber curado resacas con sus arpegios— y la voz de Morrissey, mitad susurro existencial, mitad ironía afilada. El resultado fue un pop de Manchester que sonaba dulce y deprimido al mismo tiempo, como un día nublado que te cae bien.

Entre 1984 y 1987 sacaron discos que hoy siguen sonando como si acabaran de inventar el indie hace diez minutos. Canciones que hacen que uno se ponga a mirar por la ventana buscando un drama suave que acompañe. Desde “This Charming Man”, que es pura energía adolescente con zapatos de charol, hasta “There Is a Light That Never Goes Out”, que podría estar en el currículum oficial de Educación Emocional de media Europa.

Morrissey, ya en solitario, es otro capítulo fascinante. Un personaje siempre dramático, siempre literario, siempre algo provocador… como si su micrófono hubiera venido de fábrica con una ceja levantada. Su carrera post-Smiths tuvo momentos de auténtica brillantez: “Everyday Is Like Sunday”, “Suedehead”, “The More You Ignore Me…”, y varias joyas escondidas que los fans guardan con cariño, casi como reliquias.


"Plastic light that never goes out" es una playlist que he preparado para que haga justicia tanto a la melancolía como al movimiento de cadera discreto que Marr provocaba sin querer. Algo equilibrado: himnos, lados B sutiles y una buena selección de Morrissey en solitario que no envejece. Ahí van las canciones:

1. This Charming Man
El flechazo inicial: Marr corriendo delante y Morrissey ya avisando de que esto va a doler un poco.

2. Hand in Glove
Declaración de principios: amistad, deseo y una guitarra que suena a conspiración íntima.

3. Still Ill
La adolescencia hecha canción: confusión, hastío y lucidez prematura.

4. Reel Around the Fountain
Belleza inquietante, como un poema precioso que no sabes si deberías leer en voz alta.

5. Heaven Knows I’m Miserable Now
El himno definitivo del “todo mal, pero con estilo”.

6. William, It Was Really Nothing
Celos, orgullo y frases que cortan como papel fino.

7. Please, Please, Please Let Me Get What I Want
Una súplica tan honesta que da un poco de vergüenza escucharla solo.

8. How Soon Is Now?
Oscuridad bailable: temazo para sentirse raro incluso en la pista.

9. The Headmaster Ritual
Crítica social con riffs afilados y recuerdos escolares nada entrañables.

10. I Know It’s Over
Devastación emocional servida despacio, para que duela mejor.

11. Bigmouth Strikes Again
Autoparodia brillante: cuando decir lo que piensas te mete en problemas… otra vez.

12. There Is a Light That Never Goes Out
Romanticismo trágico de manual, con autobuses y corazones en llamas.

13. Ask
Optimismo raro en los Smiths, casi sospechoso… pero funciona.

14. Panic
Bailar enfadado: crítica cultural con palmas y mala leche.

15. Girlfriend in a Coma
Humor negrísimo envuelto en melodía amable. Morrissey siendo Morrissey.

16. Last Night I Dreamt That Somebody Loved Me
El final perfecto: sintetizadores, soledad y un silencio que pesa.

17. Suedehead
Morrissey arranca en solitario mirando atrás, pero con paso firme.

18. Everyday Is Like Sunday
Paisaje costero y existencialismo de resaca eterna.

19. The Last of the Famous International Playboys
Elegancia torcida y fascinación por los márgenes.

20. Hairdresser on Fire
Pop incendiario: chulería, drama y estribillo imparable.

21. November Spawned a Monster
Morrissey serio, compasivo y sin ironía: una rareza necesaria.

22. We Hate It When Our Friends Become Successful
Envidia confesable con sonrisa torcida.

23. Sing Your Life
Un consejo vital disfrazado de hit luminoso.

24. The More You Ignore Me, the Closer I Get
Obsesión convertida en arte pop. Incómodo y adictivo.

25. Speedway
Ajuste de cuentas con guitarras afiladas y orgullo herido.

26. First of the Gang to Die
Historia de barrio, tragedia social y uno de sus grandes estribillos.

27. Irish Blood, English Heart
Identidad, política y épica personal sin pedir permiso.

28. Let Me Kiss You
Cierre perfecto: romanticismo directo, sin ironía… casi.

Esta playlist es como crecer acompañado por alguien que siempre fue un poco más listo, más triste y más gracioso que tú. Ideal para escuchar entera, del tirón, mirando por la ventana aunque no esté lloviendo.